Exposición Carlos Miñana Blasco

Es casi imposible hoy caracterizar la etnografía. Los límites y definiciones de esta perspectiva metodológica que nació en el seno de la antropología social y cultural han sido una y otra vez cuestionados, violados y tensionados, a la manera de un campo bourdiano en disputa. Por ello, la presentación aborda su epistemología desde una perspectiva histórica y situada, mostrando sus transformaciones y cómo la etnografía se puso al servicio de diferentes proyectos epistemológicos y políticos en América Latina (planificación, intervencionismo y desarrollo; neoliberalismo, neoinstitucionalismo y globalización; políticas del reconocimiento de la diversidad).
Plantea igualmente que, a futuro, los trabajos etnográficos que podrán dar un aporte más novedoso y significativo al análisis de las políticas educativas son aquéllos que logren articular las dimensiones políticas, económicas y simbólicas. Se ha desperdiciado el potencial para el análisis del simbolismo que tienen las tradiciones
etnográficas y antropológicas, en un momento en que los estudios del ritual y el performance han probado su capacidad para analizar la política pública como espectáculo.
El estudio de las políticas educativas desde una perspectiva etnográfica puede llegar a ser un aporte muy importante para teorizar el nuevo Estado y sus políticas en el contexto de la globalización, un Estado y unas políticas más fluidas, menos fijas organizacional y geográficamente. Hoy el Estado opera con herramientas más sutiles de control e intervención, volviéndose omnipresente en la vida social. La pedagogización de lo social, como lo advirtió Gilles Deleuze, implica la explosión de sutiles pedagogías en los medios masivos, empresas, lugares de trabajo, hospitales, Internet y la vida cotidiana en general. La etnografía puede ser una herramienta insustituible para
reconocer las políticas educativas en lugares insospechados y en nuevos contextos globales en los que operan.

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